pequeños GRANDES Dilemas


Para no verlos más: amigos obligatorios y amantes traicioneros
Miércoles 26 Abril 2006, 4:15 pm
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La única forma en que me verás lado a lado con alguien que no me cae bien será cuando haya una votación. Y no porque votásemos por el mismo candidato.

Cuando eres un niño (o una niña) quedas completamente a merced de cualquier idiotez que tus padres, tan expertos en la vida como tú, pretendan para ti. Una de esas idioteces es el colegio, en el sentido tradicional de cómo lo conocemos en Latinoamérica; el mismo que todos hemos odiado por las mañanas y por la noches, y que luego amas cuando, de adulto, tu vida se caga.

Cuando eres un adulto (o una adulta) quedas completamente a merced de cualquier idiotez que se te pueda ocurrir a ti. Una de esas idioteces es darle y darle a la idea de que él (o ella) es el definitivo. …¡Y que tiene que serlo! …¡Y que si no lo es, ya lo será! O la tristemente típica “¡Por nuestros hijos!”

Graduarse del colegio, en ocasiones, se llega a sentir como graduarse de trapeador. Y un trapeador que también trapea el piso con otros. Has usado y has sido usado tantas veces, que ya estás listo para salir al mundo, ¡ya estás preparado! Diploma, birrete, ceremonia. ¡Ahora, al mundo, niños!

Cuando de adulto, en tu relación amorosa, no llegas a la graduación… ¡Ufff! Comienzas con que eres la personificación de la estupidez. No estás preparado para el mundo, no sirves. Algo hiciste mal; seguramente alguno de tus defectos le hizo huir de ti hacia esa otra más joven. …Más flaca. …Con más dinero. …Con mejor culo (o pene). “..¿Cómo pudo, si yo soy perfecta? ¡Snif!”

Te los cruzas por la calle, te llaman por teléfono (los más osados, eso si, hay que reconocer), te envían saludos de Navidad; en ocasiones te envían uno que otro SPAM, o te incluyen en su lista de “amigos” de algún servicio de personas, como HI5, donde te exhiben pero nunca te escriben. Amigos obligatorios.

Calentaste con tu culo peludo (o lampiño) decenas de incómodas bancas en el colegio, de 8am a 3pm, todos los putos días laborables de tu niñez. Aguantaste junto a ellos gritos de profesores fracasados (como los hay demasiados) y te esforzaste para que fulano y mengana te acepten y te salven de la masacre que quizá otras fulana y mengano te estén preparando. Porque no eres como ellos. Porque ellos tampoco lo son. Preparaste masacres también; fuiste a sus fiestas y las soportaste, almenos la mayoría. ¡Qué bueno que les caíste bien! ¡Cuando tengas sesenta años podrás beber chocolate caliente con ellos una vez al año! (Bueno, con los que queden…)

Te invitan a almorzar, te llaman por teléfono. Dejan sus pertenencias por meses en la que hoy es tu casa (me imagino para que los tengas presentes… luego de haberse ido, ¿no?) Te hacen escenas de celos, te tratan de convencer para echarse un polvillo de vez en cuando, lloran cuando te alejas de ellos y averiguan con quién andas… justo cuando acaban de terminar contigo. Ahora, qué casualidad, pasean con sus nuevas parejas por tu vecindario. Amantes traicioneros.

Te deslumbraron en un principio con su brillo (o con su mugre, en algunos casos) y te uniste a ellos, entregándoles absolutamente todo lo que traías contigo, incluidos tu aparato reproductor, tu aparato circulatorio y tu microprocesador central. De vez en cuando le otorgabas tu sacrosanto puerto firewire. Elogiaste sus ocurrencias y disimulaste sus pedos. Tragaste su semen (o mucosidades vaginales) y otras secreciones aunque te dieran asco y, gracias a ti, su imagen siempre habrá de quedar reluciente entre tus conocidos. ¡Felicitaciones! ¡Has sido la esposa (o el esposo) perfecta! ¡Ahora él (o ella) se puede casar de verdad, y con otra persona! Chau, ¡gracias! “¡Ah!, me olvidaba… ¿Puedo dejar mis cosas en estos miles de cajones en tu sala mientras mi nueva pareja y yo compramos una casa? Quizá en unos meses las recoja, ¿si?”

Así te brinden una sonrisa cuando sorpresivamente te los cruces en algún lugar; así sean más atentos y más románticos que cuando estaban contigo; así tu fotografía luzca reluciente en su lista de amigos en HI5; así creas que quizá quedó abierta una puerta entre tú y él (o ella): tengo la lección aprendida. La única forma en que me verás lado a lado con uno de estos especimenes será cuando mires una fotografía del pasado.



Se me fue un día: el difícil arte de hacerse una vida
Jueves 20 Abril 2006, 6:25 pm
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He aquí tres espejos:
1 Se me fueron los meses y no ni he abierto los ojos. Lo que me había propuesto hacer aún no lo he hecho. Ya habrá oportunidad. Quizá abandonar un credo, o a alguien; hacer una tesis, dejar de fumar, agrandarte las tetas, etc.

2 Realizas miles de trabajos a la semana, pero tu dinero simplemente desaparece porque no tienes ni la menor idea en qué gastarlo: quizá lo hayas dado a tu familia, quizá te lo gastaste en tonterías… Ya cobrarás el próximo mes y lo destinarás a algo productivo. ¡Ups! …No hay próximo mes: sales de vacaciones pero a ti no te las pagan…
3 Eres el/la consejer@ perfect@: resuelves los problemas de vida, de trabajos y sentimentales a todo el/la que se cruce por tu perro camino, pero cuando se trata de ti mismo… ¡Anoche tu psicólogo apareció en el noticiero de las 11pm intentando suicidarse y gritando tu nombre…!
..¡Y hay más! Si tú, que lees, te sientes identificad@, pues reza para despertar. ¿Por qué? Podrías, para comenzar, tener más dinero; también podrías tener un seguro de vida cuando, de viej@ lo necesites; vivirías en una casa propia; acabarías de una maldita vez algo que comenzaste, como una carrera o la implementación de tu maldita empresa; podrías crear tu propia familia (ahora bien, que disfrutes de ella o que tengas más sexo es otro problema…); tendrías más dinero para viajar y, por supuesto, acceso a las visas más difíciles (olvídate de conseguir con quién casarte o falsificarlo todo); podrías divorciarte de una prostituta vez o, casarte y tener muebles, electrodomésticos…
adulto_contemporáneo.exe, ejecútese, por favor.
Aquellos que estamos en la fase de experimentación de la nueva versión de prueba, observamos con cierta envidia y esperanza a los usuarios de la versión anterior (mientras se efectúen las pruebas, esperemos que no se cuelgue el equipo…)


Nunca volví a vivir algo tan intenso…
Miércoles 12 Abril 2006, 8:20 pm
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Sin que yo lo supiera, terminé debiendo más dinero al taxista; la trampa que me hizo fue cobrarme ese dinero cuando me dejó en la puerta de mi casa: ya no podía protestar y no podía rehusarme.
El disgusto me hizo recordar la reunión de la que venía; había sido aburrida. Era en una casa en un barrio de clase media, con un patio grande y un toldo, bajo el cual habían tres mesas de plástico juntas, con varios platos de bocaditos y tres botellas de whisky etiqueta negra (compradas gracias a una oferta de 3 X 2).
Primera mirada: chicas de treinta años con gestos de chiquillas de dieciséis. “¿Personas en desgracia?” me dije para mí mientras miraba el panorama.
Moría de miedo, temblaba. A partir de ese momento, y durante las siguientes 5 horas estaría yo sentado al lado de mi pareja en medio de un ex-salón de clases de 13 años de antigüedad. Al día siguiente habrían elecciones presidenciales. Aunque “ley seca”, habían latas de cerveza servidas en bandejas por doquier.
Los machos comenzaron a llegar: jóvenes pero calvos, panzones y muy escandalosos. Sus carcajadas escandalosas resonaban en medio de las mujeres aparentando tener 17 años otra vez. Los mismos gestos y muecas que alguna vez funcionaron en los hombres que estaban frente a ellas, 13 años atrás; sólo que esta vez sin el estrógeno saltando por doquier, perdido y sin control.
-Señor, escúcheme, la próxima vez que pretenda cobrar un precio que no se ha pactado, deberá informarlo, de lo contrario tendré que llamar a la central de taxis y quejarme por abuso, ¿de acuerdo?
- ¡Pero ha sido la Central quien me ha ordenado cobrar este precio!
- ¡Eso no importa! Lo que importa es que avise con tiempo lo que vaya a hacer. ¡Buenas noches!
El automóvil se alejó haciendo resonar su motor en medio de la bruma oscura de la madrugada, como si él mismo pudiera estar enfadado. Cerré las puertas, dejé mis cosas sobre uno de los muebles de la sala y me dejé caer en la mesa del comedor.
Las voces de los hombres eran impostadísimas. Todos actuaban como si sus bolas fueran del tamaño de pelotas de basketball; por supuesto inmensas, ¿verdad?
Uno de los invitados todo lo podía: contaba las ciudades en las que había estado; aprobaba su estilo de vida o no lo aprobaba, además explicaba por qué; sus grandes empresas lo llevaban por aquí y por allá, etc, etc. Más tarde, con unas cervezas más ya estaba detrás de mi compañero, hablándole cualquier tontería mientras sus ojos se lo almorzaban. Ups…
La realidad es más cruel para los soñadores que bajan a la Tierra a beber agua: bajo ese toldo, en el jardín, puedes sentirte inteligente, divertido, porque alguien te conoció así en el colegio. Y no importa que el bus no se detuviera a recogerte; tu jefe te haya humillado frente al resto; no te dieran el puesto que buscabas o seas la vergüenza familiar. En este jardín tu posición está asegurada: eras el loco, el que se tiraba a todas las tipas, el gracioso, el macriado de mierda, el machazo; o la chica del grupito fashion; la que todos deseaban; la que tenía dinero; la que viajaba a Europa; la líder; la que fue el primer puesto en todo, etc.
Me metí dentro de la cama y cerré los ojos.
Nunca vivirías algo tan intenso de nuevo. Hoy que puedes contar de diez años a más hacia atrás, sabes que nunca vivirás algo tan intenso de nuevo. Mejor dejar las cosas como están, seguir el camino de tus viejos, establecerte de una buena vez, ¿no?


¿Es prudente ser prudente?
Lunes 3 Abril 2006, 11:56 pm
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- Hola. ¡Hola! Disculpa: Sígueme la corriente – me dijo una chica desconocida en un café, al momento en que me alcanzaba con la mano un papel cuadriculado enrollado, aparentemente escrito pero enrollado en una compacta bola. – Por si acaso te llamas Ernesto, y me conoces, ¿si?
Usualmente los domingos resultan ser los días más aburridos de la semana, todo parece estar en descanso, incluso la televisión. Finalmente me encontraba en un café conocido de Lima; había llevado mi cuaderno de escritura porque tenía una historia increíble para escribir: esta vez si sería genial, si sería una historia que terminaría sin dejar a la mitad como las otras.
Pedí lo mismo de siempre, un té con mango; busqué la mesa más apartada y escondida de todas; ordené mi delicioso y engreidor té; esperé que el mozo desapareciera con mi orden, saqué mi cuaderno con mi lapicero y di rienda suelta a mi imaginación.
Una vez que sucedió la interrupción, miré a la chica y le dije: “No, no, no, de ninguna manera. Te has equivocado”; tomé mis cosas y me dirigí a la caja a pagar (cosa que uno nunca hace, siempre se paga en la misma mesa en donde se come.)
Ahora que pienso en ello, ahora que ya pasaron seis horas de aquel incidente, pienso que este no ha sido sólo un pequeño juego de ser valiente e individualista por primera vez en mi vida en un espacio público. No sólo se trató simplemente de haber sabido decir “no”. ¿Qué hubiera pasado si el paquetito contenía droga o algo que no me convenía para nada tener en mi poder?
Ser prudente es genial, y me siento orgulloso de haber sido capaz de decir “no”, ¿pero sabré decir “si”?
Las misteriosas aventuras de la vida vienen en diferentes paquetes. Pero para aplicar la prudencia hay que ser prudente. ¿Debo o no debo de ir a la cita?, ¿debo o no debo aceptar ese trabajo?, ¿debo o no debo ir a tu casa a la medianoche?, ¿debo o no debo ir a tu país y confiar en ti y en que me quieras lo suficiente como para no quedarme en la calle y no pueda regresar jamás?
Es súper incómodo tener que ponerse a pensar en todos los papelitos enrollados y con algo aparentemente escrito del mundo que te dan personas que, por lo general, aparecen por ahí de la nada…
A veces te ofrecen palos, otras te ofrecen visas… Hay unas cuantas que te ofrecen su corazón y otras que te arrancan el tuyo y se lo llevan demasiado lejos para tu gusto; unos te ofrecen el culo, y otros te lo rompen, y luego se van. Luego regresan, te lo rompen de nuevo, y luego se van…
Verás, cuando se recibe un papelito enrollado en forma de bolita, en el cual se nota que hay algo escrito, se te cruzarán muchas ideas en la mente. ¿Viajes? ¿Cárcel? ¿Pérdida de tiempo? ¿Satisfacción? ¿Desafíos? ¿Dolores de cabeza? ¿¿¿Títulos profesionales???