pequeños GRANDES Dilemas


El dulce encuentro caníbal
Jueves 25 Mayo 2006, 1:20 am
Archivado en: Uncategorized

“Una vez que se dio cuenta que me estaba llamando para preguntarme si hacíamos juntos esto, o lo otro… ¡Desapareció!” Me dijo una amiga a la que no veía en bastante tiempo.

“¿Qué cosa quieren estos chicos? Hay buen sexo, pero apenas ven que su culo calienta la misma silla cuatro veces, se largan.”


Así iba la siguiente nota en medio del bar La Noche el fin de semana pasado, entre gente que se aburría con la misma y repetitiva música, y chicas anoréxicas bailando por ahí. Mi amiga se sentó con nosotros en la barra, trayendo consigo sus cosas, como declarando que prefería hablar de penes que celebrarle el cumpleaños a alguien (que era para lo que en realidad había ido.)


“¿Te propuso alguna cosa exótica?”, le pregunté con soltura, en espera de una respuesta que me congele, en medio del humo rancio de los fumadores en el bar. Ella lo pensó, como tratando de unir cabos. “Tríos, con una amiga. ¡Pero eso se hace con gente que no te interesa! ¿Por qué él no se da cuenta?”


Esbocé una tímida sonrisa. Luego me reí. Probé una cucharada de mi propia sopa. Entonces le dije: “¿Quieres hacerle volver? Desaparece tú esta vez. Quizá no regrese por cariño, sino por no poder perder. Almenos lo tendrás a tus pies…”
Ciertamente esta conversación era muy divertida para mí. Pero no lo era para ella. El caníbal no había querido arrancar su carne. Es más, huyó despavorido, y por retenerle ella misma se quedó con pedazos de su piel entre las uñas…
Así que juntos, los tres urdimos diferentes planes para que nuestra querida vegetariana se convierta en caníbal, y conseguir que su caníbal pruebe por primera vez los vegetales.


A cuatro días de distancia, no creo que lo haya logrado. Así son los caníbales. Muerden de a pocos, confundiendo el dolor con el placer. Si se llenan o si algo no funciona como esperaban, desaparecen, dejando un reguero de trozos.


Mmm… Me provoca un Bembos…



¡Bájate del auto, que me hartaste!
Miércoles 17 Mayo 2006, 5:15 pm
Archivado en: Uncategorized


Si el resultado provechoso de tu vida se va a establecer como un éxito o una derrota, eso nadie lo sabe. Pero, a pesar de todo, se puede decir a grandes rasgos que las personas son de dos formas generales: están los que aceptan la derrota, y los que no saben si van a ganar.

Por supuesto, sería ilógico ignorar que debajo de cada grupo se abren infinitas posibilidades, pero, a pesar del matiz emocional, llevan más o menos a lo mismo:

Hay quienes tienen la certeza de que perderán, y de pronto no saben si van a ganar; otros viceversa.

Unos casi están seguros de que serán vencedores, y luego de haber hecho miles de mierdas a su alrededor, a su funeral no asiste nadie (o en su cama nunca entra nadie, si se quiere ser más melodramático).

He conocido gente que necesita hacerte pensar que vas a perder para poder ellos creer que van a ganar.

Otros saben que no van a ganar, y hacen perder a todos los demás.

Otros, aún sabiéndolo, ayudan a que otros ganen.

A veces, porque te nace, mientras te parece que no vas a perder, al ganar haces que alguien más gane también, aun cuando él creía que perdería.

Otras veces pierdes aún sabiendo que ganarías; y en otras ocasiones, lo contrario.

Para mí los más fastidiosos son quienes creen tener el deber de decidir quiénes son los que no van a perder, y quiénes los que si.

Entre los que no saben que ganarán es más o menos común que:

Sean un poco descuidados.
Se sueñen volando (ocasionalmente).
Disfruten mucho de ciertas cosas (como comida y gente).
Se les formen líneas expresivas de tanto reír (los creativos).
…Y de tanto fruncir el seño (los odiosos).
Confíen en ti (los positivos), o te estafen (los negativos).
Te vean bastante seguido, pero no sepas cuándo…
Y cuando lo hacen, te sientes un poco renovado.
Se conviertan en una obsesión para ti.
Les veas sin hijos por bastante tiempo.
Estén un poco convencidos de algo bueno, a veces, o algo malo también.
Tengan que reflexionar saliéndose un poco de sí.
Intuyan cuándo comenzar algo.
…Y cuándo terminarlo.
Se depriman ocasionalmente.
Sepan decir la verdad (los que se tienen amor propio).
U ocultarla (los prudentes, o por otro lado los inseguros).

Cuando las prostitutas del demonio se les acercan, los que saben que perderán generalmente:

Te dejan sin un centavo.
Te dejan.
Te permiten ganar (los generosos), te hacen perder (los irresponsables).
Se llenan de obligaciones o carecen casi completamente de ellas.
Resuelven el matrimonio (los conscientes de su realidad, o por otro lado los abandonados).
No llaman casi nunca por teléfono.
Disfruten mucho el término y detesten el proceso.
Te quiten las esperanzas.
Te cedan el paso (los bondadosos, por un lado; por otro los malignos, pues saben qué es lo que te espera más adelante).
Estén en esta lista. (¡Je, je, je…! Resulta que tengo hambre; iré a comer algo y luego regreso…)

Parece que estar en uno u otro lugar no te hace ni positivo ni negativo, específicamente hablando. Pero si es seguro que cuando uno se topa generalmente con algunos de la segunda lista, vaya que surgen los conflictos. Y, sin embargo, aun siendo de la primera puedas convertirte en una prostituta infernal para los demás.

La moraleja pendeja del final; y rápida porque aún siento hambre (el refrigerador me mira con ojos seductores): Si te han bajado de algún automóvil últimamente entre gritos y puteadas, quizá la próxima vez que subas a uno se te ocurra ofrecer conducirlo más a menudo…

¿? Todo es culpa de Elizabeth Fraser.



Adulto contemporáneo S.A.
Jueves 11 Mayo 2006, 3:39 am
Archivado en: Uncategorized

(Después de un frustrado intento de beber un té Black Bop con mango, completo este artículo…)

No me propongo, habiendo pasado ya el 92% del día, tarde por la noche, proponer un tema inusual, demasiado importante y mucho menos reflexivo. No se me puede pedir eso teniéndome frente a una PC descalabrada, con stickers escritos, haciendo las veces de teclas faltantes, y un televisor que, a lo lejos, inunda el sucio salón con ruidos de telenovela mexicana.

Hoy fue diferente; hoy fui al centro de la ciudad, y compré 3 CDs: Sigur Rós, Björk y Siouxsie and the Banshees. Música de adulto contemporáneo.

Esta semana caí en la categoría (al fin), pero tampoco en un modo extravagante, eso sí. De la manera más sencilla e inexperta declaro mi cuarto de siglo, de algún modo, encaminado. Hoy puedo sintonizar esa estación de radio FM y escuchar, colocando los pies sobre algún soporte bajo, esas canciones que jamás en mi prostituta existencia pude, antes, soportar.

Mirando en un sentido positivo, el asunto nos pone enfrente algo interesante:

· El dinero comienza a ser una prioridad.
· La palabra “empresa” ronda tu mente unas 15 veces por día.
· Comienzas a hablar en voz alta de lo que antes te daba temor pensar: comprar un depa, tener chofer, comprar regalos…
· Los demás te ven como una persona aventurera y arriesgada (en los negocios, eso sí…)
· Los noticieros duran más tiempo en la pantalla de tu televisor.
· Dejas de ser invisible (de alguna retorcida manera…)
· Tienes una posición política.
· Dejas de ser el “niño” de cualquier lugar.
· De pronto, el bocón grosero se convierte en alguien discreto.
· Te interesas por los programas de la tele de espiritismo, astrología, la Nueva Era.
· Otros te sueñan dirigiendo el tráfico en una calle para evitarles accidentes (¿…?)

Y, por supuesto, lo malo:

· Ese rollito en tu panza no bajará más.
· Te preocupa que el sexo vaya en disminución.
· Te preocupa que las cosas que se sostenían antes, de tu cuerpo, no se sostengan más.
· Juegas con la calculadora sin darte cuenta.
· Cuando ves los anuncios de las pomadas hechas con la baba de los caracolitos, lo piensas…
· Oyes música y ves pelis que hace un tiempo detestabas.
· De tanto beber té, tus nervios comienzan a afectarse (mi té fetiche es el Black Bop con mango).
· Lentamente te conviertes en una persona limpia, confiable y responsable… (¡puajjjj!)
· En ocasiones, en un ser despiadado, mandón y corrupto (¡re-puajjjj!)
· Estás muy viejo para seguir viviendo con tus papis.
· Te das cuenta que de a pocos te despides de muchos de tus sueños de adolescencia.
· Emborracharse ahora significa literalmente demasiado malestar.
· Otros te sueñan dirigiendo el tráfico en una calle para evitarles accidentes (¿…?)



Nene, habrán algunos cambios
Jueves 4 Mayo 2006, 2:47 am
Archivado en: Uncategorized

Es muy probable que en esta época tan dura y poco motivadora que nos ha tocado vivir en nuestro país – que como nosotros, se sostiene sin saber cómo lo hace, ya casi sin que le importe – estés pasando por un periodo de depresión.

¿Necesitas medicina? ¿Antidepresivos medicados? ¿No medicados? ¿Ilegales? No lo creo, bueno, eso depende de cada uno, pero lo que si se necesita urgentemente es una carcajada bastante bien dada.

Hablando mucho más generalmente, los cambios que experimentamos durante nuestra vida jamás serán completamente sencillos de sobrellevar. Si tienes un temperamento genial, entonces bienvenido, reaccionas y te adaptas a la probabilidad del infinito. Si no lo tienes… En fin, habrá problemas.

¿Qué debes hacer cuando las cosas van mal? Si, claro, muy conocida pregunta. Mejor, ¿qué debes hacer cuando vas mal con las cosas que ocurren?

Nosotros creamos nuestros propios personajes; a veces cuando nos da ganas, nosotros nos convertimos en víctimas. “Hoy me toca sufrir”, o peor aún, “¡hoy me toca joderte para que sufras!”.

Yo, personalmente, quisiera encontrar la píldora mágica que me permita lanzarme desde la colina confiando certeramente que el lago de abajo está lleno de agua.

A continuación diez famosas típicas:

1 ¡Me engañaste y me vengaré de ti!
2 Voy a perder el trabajo y mi vida y la tuya se van a ir a la mismísima mierda.
3 Seguro que es algo grave…
4 ¡Voy a reprobar el examen!
5 Me da pena botarlo a la basura… (Porque quizá nunca más tenga otro igual)
6 ¡¡¡Perdóname por favor por quejarme de dolor cuando me pegas, amor!!!
7 ¡No es verdad! ¡Estoy horriblemente gorda! ¡Y te odio! (además)
8 ¡No me digas que me quieres, porque no puedes probarlo, hijo! (llorando)
9 ¿Y si no me gusta mi nuevo trabajo…?
10 ¿Cuál manzana me como? La del amor, o la de la felicidad…

Si te identificaste, ¿conoces el destino de los pequeños y adorables problemáticos? ¿Sabes cuál es el precio de ser una reina del drama y joder tu existencia y la del resto sin discriminación de raza, credo o sexo?
El precio es el siguiente: en cinco a siete años tendrás más sexo con un monitor de computadora que con un ser humano de carne, hueso y secreciones acuosas.

¿Cómo lo paga? ¿Cash o diferido? ¿En cuántas cuotas? No hay descuento para éste… Firme aquí, si fuera tan amable…