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Necesitas su ayuda. Ellas necesitan el dinero. Necesitas paz, confías en que ellas podrían ayudarte a conseguirla. Ellas lo creen igual, pero la mayoría no la necesita.
El eterno dilema de las sirvientas dementes que atacan el planeta, con sus ya conocidas progresiones de joyas a joyones… Ni el collar de María Antonieta causaría tanto revuelo como el mal humor de una sirvienta; ni el meteorito de “Impacto profundo”, ni los colmillos de “Dracula”, en diez pasos son más rápidos que:
1 Todo va muy bien las primeras semanas; no causa problemas y tú no le quieres causar problemas a ella tampoco.
2 Luego alabas su manera de cocinar, su disposición y su puntualidad.
3 Más adelante tú y con quien vivas comienzan a escuchar sus dolores de cabeza, porque nunca les ha traído ninguno.
4 La calle en donde viven necesita un vigilante nocturno a causa de la delincuencia: las hormonas de la sirvienta se alborotan en secreto.
5 De vez en cuando la comida está muy mala, pero se lo perdonas porque la sirvienta de tu casa “está muy estresada” por causa de todo el trabajo repetitivo que hay que hacer. Entonces también le perdonas las llamadas a teléfonos celulares que pueblan el recibo mes a mes.
6 Una tarde llegaste a tu casa y encontraste a la niña con su hermano, su hermana, su tío y un amigo de la familia bien plantados en la sala. Te quedas boquiabierto, no sabes qué decir… ¿Les llevas bocadillos y atiendes a los invitados?
6 Alergias que no tuviste nunca, las comienzas a tener; hay sitios en casa en donde nunca paseó un trapo, y los insectos celebran la navidad con el polvo de tu cuarto.
7 Tu horario de trabajo cambia: ahora despiertas más temprano, pero la sirvienta despierta más tarde:
- ¡Rupirtis! ¿Dónde está mi almuerzo?
- …Me dolía el estómago. (con voz de fastidio desde dentro de su cuarto).
- ¿Entonces ya no tengo almuerzo hoy?
- ¡Ya no aguanto más, me voy el sábado y no volveré nunca más!
8 Se convierte en la nueva Lucía Méndez del barrio: tantos amoríos melodramáticos como vigilantes hay en tu calle o en las calles aledañas. A casa siempre llaman hombres con nombres extraños: Chico, Nene, Chancleto y Rupirto.
9 Sigues sin almorzar y su mal humor te intimida: no le puedes reclamar. ¡Y todos los hombres vigilantes del barrio están cada vez más alimentados! ¡Con tus almuerzos! ¡Y se hacen con tus recipientes de plástico! ¡Y con algunos de tus platos! ¡Ya no hay doce cubiertos: hoy hay nueve!
10 Y no hay diez… Porque la diez es la una, a la anterior la echaste lejos y le quitaste las llaves; con la nueva t
odo va muy bien las primeras semanas; no causa problemas y tú no le quieres causar problemas a ella tampoco…—–
¡Felicitaciones mundo! TODOS los lectores son personas exitosas, según la encuesta pasada. Mmmmm… Me da que pensar. Nadie se echaría estiércol encima, ¿verdad? ¡Les felicito!
Luego de una hora de camino, llego por fin al consultorio de la psicóloga:
- Hola – digo a la secretaria.
- Hola. – responde ella con tono de aburrimiento.
- Tengo cita.
- ¡Uy!
El “¡uy!” me lo dijo todo: algo está mal. El hecho que la secretaria de mi psicóloga se lleve las manos a la boca quiere decir que hay algo mal. Y que el único que resulta perjudicado soy yo.
- Yo me equivoqué… No le dije a la doctora que tenías cita con ella y ella citó a unos padres a reunión hoy…
- . – y en mi mente: “concha tu madre, hija de puta de mierda”.
La frase mortal fue soltada:
- ¿Te molestaría que lo dejáramos para la próxima semana? Digamos… El próximo sábado, a esta hora… - dijo ella con tono servicial.
Mordiéndome los dientes le dije:
-
Está bien, Por favor, que no se vuelva a repetir. - No, no se volverá a repetir; fue error mío, por favor discúlpame.- ¡Claro, puta! (eso fue mental).
Una cosa es que eso ocurra como un incidente de menor importancia entre amigos, ¿pero en el ámbito profesional?
Hay “¡uy!”s peligrosos.
- ¿Me pagaste ya lo que me debías?
- ¡Uy!
- ¿Te fijaste que estuviera mi currículo dentro del sobre cuando lo enviaste?
- ¡Uy!
- ¿Hiciste ya las cuatro ilustraciones para hoy?
- ¡Uy!
- ¿Pagaste ya el recibo eléctrico?
- ¡Uy!
- ¿Se acordaron que mi apellido no se escribe con “H” al momento de enviar mi diploma de bachiller a la imprenta?
- ¡Uy!
- ¿No habrás dejado a tu sobrino solo en casa con la puerta abierta, verdad?
- ¡Uy!
- ¿Te habrás acordado que con esa plata íbamos a pagar la renta del departamento, no?
- ¡Uy!
- ¿Tomaste la píldora del día siguiente, como quedamos?
- Si. (¡Uy!)
Completen ustedes más ¡Uy!s que me muero de la curiosidad.
—–
Las respuestas de las personas ante la pregunta “¿Cuántas veces al mes tienes relaciones sexuales con otra(s) persona(s)?” divididas entre hombres y mujeres dieron los siguientes resultados:
Hombres: de 3 a 4 veces al mes.
Mujeres: Casi todo el tiempo.
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- ¡Estás oxidado!
Bueno, hay solución, y es que te inscribas en un gimnasio. Ahí moverás todos los músculos de tu cuerpo, y los que no quieras mover, se moverán porque los músculos que se estén moviendo los moverán.
¿Estarás preparado para estar 8 horas al día frente a una computadora y no desfallecer en el intento?
- ¡Sí!
No habrá problema; además nacerá en ti una necesidad de comer increíble, y no engordarás por más que comas porquerías. ¡Ese vaso de agua está a sólo un paso de distancia!
La frescura
Si consigues un horario alienígena, como de 6:30 am a 8 am, lo más probable es que toda la sarta de habitantes ociosos de tu ciudad no te jodan el camino. No habrán soportes ni manubrios humedecidos con sudor ajeno, ni huellas de goteo corporal por todo el camino y por todas las direcciones. Utilizar las fajas caminadoras será… ¡posible! Y no sólo te tendrás que conformar con hacer la bicicleta sólo porque el gimnasio está reventando de gente: no hay nadie.
Más de 4 programas de televisión simultáneos para las repetitivas tareas cardiovasculares. ¿Tienes que estar siempre concentrado en la infinita repetición de patrones de la faja caminadora mientras estás corriendo sobre ella al girar?
- ¡No!
Puedes ver noticias de espectáculos, o, como yo, vejestorios televisivos como Melrose Place y soltar carcajeos y gemidos de angustia a tus anchas: no hay nadie.
- ¡Uaaauuuu!
En este horario sólo la gente que ama la salud te acompaña, por eso recibes consejos de buena fe, y casi nunca malas caras. Hay gente bonita y relajada, así que puedes distraer tu mirada, además.
Nunca te pareció tan fácil operar los controles digitales de las máquinas: parece como si estuvieran escritos todos en castellano.
El movimiento de la gente que habita en tu ciudad te relaja; un ir y venir infinito, alejado de ti por medio de un cristal templado de alta resistencia y polarizado.
La música es perfecta y suave; no hay conflictos sonoros.
Cuando terminas, y te diriges al sauna: perfección. La cámara de vapor está completamente vacía, así que nadie tratará de sancocharte vivo abriendo la llave a su gusto: es toda tuya.
Todas estas ventajas se reducen proporcionalmente conforme las manecillas del reloj giran en sentido horario, y la mayoría de deleites desaparecen.
Te has metido en un horno encendido y además precalentado
Lamentablemente tuviste que elegir ese; ese y no otro mejor, sino ese. Y además en ese horario, las 7:30 pm.
No hay espacio para el parqueo. Colocas tu automóvil – si es que tienes uno – en alguna esquina cercana. Eso ya significa tensión, si es que vives en una ciudad como la mía (a menos que vivas cerca de una cochera). Y esta tensión acumulada te hizo olvidar tu toalla personal. El gimnasio obliga a los clientes a utilizar una toalla personal. Todos los encargados te miran muy feo ahora.
- ¡Tensión!
Y la obvias. Así pasas a la rutina de estiramiento, para lo cual buscas un pequeño agujero oscuro y que tenga algo de oxígeno, entre la multitud agitada y sudorosa. Buscas apoyo para comenzar el estiramiento y comienzas, mientras ves a la gente pasar por delante de ti. Hay muchos que son mayores que tú. Otros que son menores, pero que no se ven mejor de lo que tú te ves. (…A ti mismo)
La música es insoportable. Ahí está la vieja histérica y amargada, porque seguramente su marido la abandonó. O peor, porque nadie nunca la soportó. Allá la parejita de enamorados con caras de idiotas. Más allá el viejo que siempre está haciendo cardio y termina empapando el suelo con su sudor.
- ¡Todo el tiempo! ¿Qué se creerá? Ridículo estúpido. Faja elíptica, faja elíptica…
Y seguirás buscando alguna faja elíptica libre, pero sin éxito: todas esas “viejas amargadas” y “parejitas de enamorados con caras de idiotas” están usándolas. Las 8 fajas elípticas.
- ¡Tensión!
Luego de haber solucionado tu problema, y haber pasado por los dolores de cabeza que acarrea compartir la misma máquina de musculación con varios clientes al mismo tiempo, – ¡yuk! – te abalanzas sobre la última que te toca: barra para jalar tras la nuca para desarrollar la espalda.
¡CLANG!
- ¡Aaaauuuuuuuuuuuu! ¡#%


