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Así como Megaman debe recargarse de energía de vez en cuando mientras va corriendo por ahí para vencer a Dr. Will, en la metrópolis también existen pequeños reservorios de energía, llamados comúnmente fast foods. Ahí se llega generalmente tras un día de trabajo que deja a uno exhausto.
Ahí se despoja uno de las constantes ideas que surcan la mente a lo largo del día; los viejos resentimientos; las rivalidades; los sueños; las ansiedades, y toda clase de ideas mentales.
A cada bocado se aplacan las furias, aún sabiendo que la grasa se irá directamente hacia tu abdomen, y que sacarla de ahí será difícil a cada día de dejadez. Pero eso no importa, porque el sabor de las papitas reivindica todas las dudas que puedas haber albergado acerca de la humanidad.
Tu humanidad y la de las personas que se cruzan contigo en estos locales trasciende y se logran armonías nocturnas interesantes, conversando sobre todo, incluso sobre el delicioso sabor de la hamburguesa…
Una vez terminada la comida y la reunión, cada cual vuelve a sus hogares a descansar y acumular energías para el día siguiente, para llevar a cabo eventualmente los sueños y esperanzas que se depositan en la mente cada día.

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